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LAS HEREJÍAS MEDIEVALES

 

LA HEREJÍA MEDIEVAL.

1. INTRODUCCIÓN.

Después de la conversión de Constantino y su posterior triunfo sobre los otros césares del Imperio Romano de Occidente, el cristianismo se  enfrenta a una nueva situación; pasa de ser una religión no oficial y en algunos casos perseguida a constituirse en la religión oficial del Imperio. Cierto es, en este sentido, que la implantación del cristianismo entre la nobleza romana había sido paulatina, hasta el extremo de que la propia madre de Constantino profesaba esta creencia; pero, contrariamente a algunas versiones con visos de poco fiabilidad histórica, Constantino no se hizo bautizar hasta la agonía de su propia muerte.

El incipiente Credo había formulado los fundamentos de su catequesis y su doctrina en los dos primeros siglos de existencia. Durante esta primera etapa de la patrística ( primeros teólogos y santos cristianos) se fue constituyendo bajo el cañamazo de conceptos filosóficos grecolatinos ( muy modificados y adaptados a los fines e intereses de la nueva religión) la primera dogmática y doctrinas fundamentales de la Iglesia, así como las primeras estructuras no itinerantes de presbíteros, obispos, diáconos, acólitos etc, aunque todavía muy alejado del episcopado monárquico ( el propio del Medioevo). En esta primera etapa las herejías habían tenido su   centro en la discusión sobre las relaciones entre la humanidad y la divinidad de Cristo; Dios y hombre verdadero según la Iglesia. Todas estas primeras herejías desvirtuaban la justa e íntima relación entre estas dos naturalezas del único Dios unitrino (Un Dios, tres personas. Ha no confundir con el tres en uno).Por ello, los primeros Concilios de la Iglesia trataban de formular un Credo que afirmara con igual contundencia las dos naturalezas de Cristo, conciliando las relaciones entre ambas en una única sustancia, en una única persona. Este dilema repugnaba a la lógica clásica y colocaba a la teología en un territorio alejado de la racionalidad de la física de los griegos y de la moral y el derecho de los romanos.

Docetismo, nestorianismo, arrianismo, constituyeron desde el siglo II al IV diversas exageraciones o minimizaciones de las relaciones entre las dos naturalezas de la segunda persona de la trinidad. A partir del siglo IV las disputas se centraron en las relaciones entre las tres personas trinitarias, constituyendo un punto fundamental de discusión las relaciones entre Cristo y el espíritu. Los capadocios intentaron construir una neumatología (tratado del ES) que clarificara las relaciones con las otras dos personas trinitarias y las funcione del ES, tanto en la vida intratrinitaria como en la historia de salvación, es decir, en la revelación histórica de la divinidad.

La Iglesia había aquilatado su doctrina al hilo de las herejías, en una frenética carrera en la cual el azote de la última herejía del concilio anterior se convertía en el hereje a anatemizar o retractar en el siguiente concilio. Es indudable que esta Iglesia de los primeros siglos operaba con una mano izquierda y una amable llamada a la corrección fraterna que en siglos posteriores y sobretodo en el Medievo se tornaría en represión desmedida de quellas opiniones piadosas y evangélicas que llamaban a la pobreza, el sacerdocio universal de Cristo, y una vuelta a la Iglesia de las primeras comunidades cristianas, equidistante tanto del poder político como del económico.

La Iglesia oficial se había constituido a partir del siglo IV en una estructura de poder, que poco a poco, se convertiría en parte de la clase dominante, parte de las élites económicas y políticas, más obsesionada por los beneficios y rentas de los cargos eclesiásticos que por la coherencia y piedad de vida. De esta manera, los cargos eclesiásticos se fueron convirtiendo en señores feudales al concederse tierras y señorios fruto de la constitución de los primeros reinos y entidades nacionales después de la caída del Imperio Romano de Occidente.

La Iglesia, por tanto, al convertirse en una institución oficial con un peso económico y político notables, se dedicó a unificar su doctrina para imponer unas creencias uniformes en toda Europa. Esto, evidentemente se realizó de manera progresiva, y no sin dificultades. La herejía, en este contexto dominante de la Iglesia, se convertía en un hecho no deseado, el cual debía ser eliminado por distintos medios. Tanto es así, que esta nueva concepción de la Iglesia como estructura de poder precipitaría en la inquisición, cuyos métodos de tortura son conocidos por todo aficionado a la historia.

Del siglo IV al IX no existen herejías en el seno de la Iglesia dignas de ser mencionadas salvo algunos restos del gnosticismo cristiano en Egipto y Asia Menor y los restos del arrianismo entre los visigodos de Hispania hasta la unificación del clero de las dos Iglesias en el siglo VI, así como la predicación arriana del obispo Ulfila ( recordemos que el arrianismo es una herejía que tiene a Arrio como su representante y que nación en el siglo IV, negando la divinidad de Dios desde una concepción cercana al adopcionismo)

La herejía volverá a aparecer en el medioevo a partir del siglo IX, como una forma de protesta político social sobre un clero y una nobleza que negaba sus legítimos derechos a la naciente burguesía gremial compuesta por artesanos y comerciantes, así como condenaba a la miseria a los siervos y aparceros agrícolas.

La teológia, a falta de una filosofía política que no llegará, de manera incipiente, hasta la utopía renacentista de finales del XVI y principios del XVII, se convertía en el ámbito propio de la discusión político-social, que por supuesto se realizaba en función de conceptos teológicos que no políticos. Por tanto, la herejía medieval debe observarse en conexión con los movimientos sociales surgidos en ese periodo y en relación a fenómenos de corrupción económica y ética surgidos en el senos de la Iglesia tales como la simonía (Comprar cargos y beneficios eclesiásticos) y el nicolaismo ( tener una vida marital, incluso hijos mientras se ejerce el matrimonio). Recordemos a este respecto que ya en el siglo IX estos fenómenos se hallaban muy extendidos en las iglesias y episcopados de Francia e Italia, constituyendo una auténtica piedra de escándalo.

 

2. LA HEREJÍA OCCIDENTAL PRIMITIVA.

  Desde finales del siglo VIII hasta principios del siglo IX no existen movimientos heréticos o predicadores heterodoxos dignos de mención, pero sí algunos episodios que conviene señalar:

a) Los ascetas de Germania: de estos tenemos noticia por el monge Bonifacio que señala que se abtenían de determinados alimentos o sólo se alimentaban de leche y miel, seguramente en recuerdo de la tierra prometida por el Señor a Abrahán en el Génesis.

b) Adelberto: esta es un brote herético protagonizado por un predicador rural en la región francesa de Soissons. Adelberto llega a declararse Santo en vida, distribuyendo mechones de su pelo y trozos de sus uñas entre sus seguidores.

c) En el siglo IX, el obispo Theuda predicó en poblaciones germanas cercanas a Maguncia, afirmando tener revelaciones especiales y conocer la fecha del fin del mundo.

d) Claudio, obispo de Turín, postulado a su sede por Luis el Piadoso (rey de Francia) entre 814-820 , atacó el uso y devoción hacia imágenes de Santos o de la virgen, ordenando la retirada de los templos pertenecientes a su diócesis. Del mismo modo, desaprobó el culto a la cruz de Cristo y puso en duda la autoridad del Papa (su primado de juridicción sobre toda la Iglesia y su episcopado), ya que el primado de Pedro fue personal, cesando a la muerte de este. Para Claudio la autoridad descansaba en la santidad de vida más que en posiciones doctrinales.

3. LOS PAULICIANOS.

Asistimos en Asia Menor al desarrollo y posterior extensión de una secta dotada de una tradición doctrinal que se puede remontar a los primeros siglos del cristianismo, los paulicianos. Estos deben su apelativo a su conformidad con el mísero Pablo el menor. Este era un hereje adopcionista del siglo III Pablo de Samosata. Los paulicianos habían nacido en el reino de Armenia, cercano a Bizancio, y participaban de un corpus de creencias típico del cristianismo siriaco que había misionado en esas tierras: veneración del bautismo en el agua, rechazo de la devoción y culto a las imágenes y concepción adopcionista de la divinidad de Cristo, el cual por sus méritos habría sido adoptado por Dios en el momento de su bautismo, como nosotros lo somos en el momento del nuestro.

Los paulicianos pronto extendieron su influencia al propio imperio Bizantino, siendo favorecidos por algunos emperadores iconoclastas (partidarios de la no veneración y exposición en los templos de imágenes); pero este apoyo de Bizancio fue menguando hasta convertirse en una abierta persecución de la secta, ya que uno de sus dirigentes, Sergio, se alió con los musulmanes contra Bizancio, lo que provocó las iras imperiales.

Karbeas, antiguo funcionario de la corte bizantina,huido en la persecución de 843, formó un estado independiente en la ribera  del Eúfrates, cerca de la frontera armenia. Su sucesor, quizá preso de un ataque de locura transitoría, penetró hasta ciudades bizantinas como Éfeso y Nicea, llegando incluso a reclamar airadamente todas las provincias bizantinas al este del Bósforo. El emperador Basilio I, pone fin a estos excesos verbales del pseudoreino pauliciano, mediante una fulminante incursión que destruye, de manera completa, la capital Tefricia en 1871, arrojando a la secta pauliciana de las provincias de Asia Menor para siempre. Los supervivientes del ataque huyeron a sus antiguos asentamientos en Armenia y a las colonias fronterizas con los búlgaros, que el emperador iconoclasta Constantino V había establecido como guarnición defensiva en la Tracia cuando las relaciones de los paulicianos con el Imperio eran favorables.

La herejía pauliciana había, progresivamente, desde tiempos de sus primeros líderes (Sergio), ido modificando su adopcionismo de cuño arriano por un matizado dualismo, más proximo a ideas gnósticas y marcionitas (Marción hereje, hijo de obispo cristiano de principios del siglo II) muy influenciadas por el dualismo mazdeísta. Para los paulicianos la creación del mundo no se efectúa por parte del logos de Dios (el Vervo encarnado de la revelación histórica), siendo naturalmente, sino que está dependía del juego y enfrentamiento entre dos potencias sobrenaturales ( ver la herejía antigua: el gnosticismo); una de ellas, el Padre Celestial, que no tenía dominio completo sobre el mundo (escasa providencia divina), otra un ser maligno creador del mundo material sobre el cual tenía dominio y señorio.

Los paulicianos, enseguida se dieron cuenta de las consecuencia que para la Encarnación y la cristología tenía esto. Ya con anterioridad toda la gnosis cristiana había afirmado que el cuerpo de Cristo sólo era un señuelo para engañar al Demiurgo (ser maligno que crea la materia) y volver al pléroma divino (ámbito espiritual perfecto de las almas y la divinidad); los paulicianos dieron un paso más, Cristo sólo tenía una naturaleza divina. Como para los docetas, los paulicianos remarcaban la naturaleza divina de Cristo, haciendo de la encarnación y la pasión de Jesús un simple espejismo. Esto trajo consigo una radical negativa a los sacramentos que al emplear materia, se constituían, más en un instrumento de Satán que un camino de salvación.Como mucho la Eucaristía se concibió de manera extremadamente alegórica, en paralelismo con las enseñanzas de Cristo.Pero a pesar de su dualismo, los paulicistas no sostuvieron posturas encratitas (contrarias al matrimonio), ni practicaron los largos ayunos, tan frecuentes en la iglesia bizantina ( comiendo sólo queso y miel). Si asumieron, de tradiciones precedentes, la negativa de la virginidad de María y la no veneración de la cruz.

3. EL BOGOMILISMO DE BULGARIA.

Después de la destrucción de la capital de los paulicianos (Tefricia 872) y de la desaparicón del paulicismo en Asia Menor, las creencias dualista reaparecen en la Europa oriental 70 años más tarde. El estado Bulgaro, constituido por una nobleza procedente de una tribu turco-tártara; dominaba, de manera brutal, a un campesinado eslavo, y constituía una grave amenaza para el imperio Bizantino en su flanco occidental. Pero en el 864, presionado por el ejercito imperial, el soberano bulgaro Boris I es bautizado por los ortodoxos griegos. En ese momento la iglesia ortodoxa comienza su misión en bulgaria, encontrándose con prácticas animistas paganas y la competencia de diferentes credos que ya, de alguna manera, habían ido penetrando en territorio búlgaro. Por tanto, la evangelización ortodoxosa de bulgaria siempre fue inestable y precaria; de tal manera, que parecía terreno propicio para la expansión de otras creencias. Así, los paulicianos huidos a Bulgaria encontraron un buen caldo de cultivo para la expansión de sus creencias dualistas. Incluso en el siglo X encontramos testimonios escritos que atestiguan la misión paulicista en estas tierras: la historia de los paulicianos escrita en Bizancio por Pedro de Sicilia señala que los herejes estaban enviando misioneros al interior de Bulgaria.

Un sacerdote Búlgaro que adoptó como pseudónimo Bogomilo, da cuerpo a las distintas ideas heréticas que pululaban por Bulgaria, dando carta de naturaleza al bogomilismo. Bogomilo predica por tierras Búlgaras este nuevo sesgo de la herejía pauliciana. Los herejes bogomilos asumían el dualismo pauliciano, dándole un nuevo giro:el creador del mundo material era el demonio. Las creencias sobre Cristo eran muy similares a las paulicianas, variándose el sentido del pan y el vino de la Eucaristía hasta convertirlos en un rememoración de los cuatro evangelios. El bautismo con agua se cambio por una serie de rituales de iniciación, bajo el signo de arcano (secreto para los no iniciados) en los que se usaba la imposición de manos como ocurría en las primeras comunidades apostólicas.  Al igual que había ocurrido en el siglo II con Marción o el gnóstico Valentín  desestimaban como parte de la Revelación el AT, llegando incluso a asociar al Dios de este con el demonio ( una especie de Dios cruel). Siguieron con el mismo rechazo pauliciano a  la veneración de la cruz (las que caían en sus manos se convertían en herramientas e instrumentos de labranza), del mismo modo que la negación de la virginidad de María.

Hasta aquí las coincidencias con las ideas bizantino-armenias de los paulicianos en materia de doctrina; pero, debemos señalar algunas importantes diferencias en el ámbito de la ética. Ya hemos visto que el dualismo practicado por los paulicianos era muy matizado, siendo en cuanto a sus comportamientos mucho menos extremo y rigorista que las prácticas dualista corrientes de Asia Menor e incluso, algunos comportamientos relacionados con los ayunos de la propia iglesia  bizantina. Por contra, los bogomilos extremaron su ascetismo, rechazando el matrimonio y las relaciones sexuales dentro de este (encratismo), prohibiendo la procreación, ya que esta perpetuaba el imperio de la materia que era creación del dios malo o Satán, y abteniéndose del consumo de carne por las mismas razones ya expuestas.

La estructura de la secta bogomila era extremadamnte simple: rechazaban la construcción de templos, no tenían Credo propio salvo el Padre Nuestro como única oración, la confesión era comunitaria, conjuntamente hombres y mujeres. Aunque no contaban con algo parecido a una estructura jerárquica, sí que parecía existir un grupo especial de iluminados que habían accedido a unos misterios secretos que les permitían incluso predecir el futuro (este extremo, aunque referido por algunos escritos, debe ser puesto en cuarentena) . Parece pues, que junto con el dualismo y otras creencias trasmitidas por los paulicianos, los bogomilos asumieron un rigorismo propio de las secta   gnóstico-cristianas del siglo II (Marción, Tertuliano en su fase herética, Valentín, las sectas ofitas, barbelognóstico etc), que junto con este carácter encratita (denuncia del matrimonio y las relariones sexuales), asumieron también la ascesis propia de los movimientos gnósticos como vía de salvación; es decir, que el verdadero conocimiento, casi siempre reservado a unos grupos minoritarios y envuelto en un carácter arcano preñado de ritos iniciáticos, conducía a la auténtica comprensión del mundo, la naturaleza humana, el lugar del hombre y la salvación e inmortalidad en el espíritu.

La herejía bogomila tuvo una larga historia , llegando coletazos de la misma hasta el siglo XVII. En este sentido debemos reseñar, que esta amalgama de ideas dualistas, paulicianas, gnósticas y rigoristas, ejerció una fascinación fuera de Bulgaria difícilmente explicables. De este modo, pronto se extendió y consiguió adeptos en Asia Menor y la misma capital de imperio Bizantino.

4. LA HEREJÍA EN OCCIDENTE EN EL SIGLO XI.

una pasadas las convulsas incursiones vikingas (recordemos que los vikingos se convierten al cristianismo en el siglo X, pasando a llamarse normando), la relativa paz de que goza Europa incrementó los intercambios comerciales, el peso de artesanos y comerciantes en el conjunto de una , mutatis mutandis, incipiente economía que de manera tímida se habría paso. Esta nueva situación avivó las ansias de reforma de las estructuras eclesiales, lo que trajo consigo algunos episodios heréticos dignos de mención:

a) Leutardo, labrador nacido en Vertu, cerca de Chalons-sur-Marne, predica slrededor del año 1000. Este campesino, después de haber tenido un sueño en el cual unas abejas le penetraban en el cuerpo entrando por el escroto, abandona a su mujer por mandato divino, dirigiéndose a la iglsia de su ciudad para romper el crucifijo. Su    doctrina ( si es que podemos llamarla así) consitía en la no obligatoriedad de pagar diezmos. Esta idea sería, seguramente, bien recibida por sus coetáneos. Además empleaba una lectura selectiva de los libros proféticos ( la bíblia hebrea se divide el la tora o libros históricos, nebbin o libros proféticos y los ketubim o otros libros, sapienciales, poéticos, sabiduría etc). Leutardo afirmaba que los profetas habían predicado determinadas doctrinas para ser creídas y otras no.

El obispo del lugar, de manera inmediata denunción como heréticas (además de excéntricas) las afirmaciones de este predicador religioso y agitador social. Luetardo se suicidó o lo suicidaron, aunque algunos partidarios suyos siguieron predicando el rechazo del matrimonio y de la propia iglesia jerárquica, así como la veneración a la cruz, los sacramentos y las imágenes (estos extremos de su doctrinas no pueden ser confirmados a la luz de las crónicas que han llegado hasta nosotros).

B) En 1022, un grupo de monjas,canónigos de la iglesia de la Santa Cruz, y mujeres seglares, mienbros de la nobleza y un antiguo confesor de la reina de Francia, en la ciudad de Orleans dan lugar a un episodio herético mejor documentado que el anterior.

Parece que participaban de ciertas creencias gnósticas: mediante una ascesis consistente en un ritual de iniciación con imposición de manos, se ascedía a un conocimiento restringido que limpiaba  de todo pecado y otorgaba la comprensión del sentido pleno de las  Sagradas Escrituras.El corpus de sus creencias, cercano a otros movimientos hréticos anteriores que habían recibido influencias semejantes, consistía en el rechazo de la maternidad y virginidad de María; el cuerpo de Cristo era de naturaleza divina y no mortal (docetismo); negaban la validea y eficacia de los sacramentos; rechazaban el orden episcopal y la misa; rechazaban la penitencia. todas stas creencias eran fruto de su esquema de carácter gnóstico, ya que aquel que había ascedido a un conocimiento superior y pleno, también se encontraba en otro nivel de la existencia a salvo del pecado y de las tentaciones terrenales. Por tanto, este conocimiento dotba al ser humano de una capacidad de visión e iluminación que hacia innecesaria para su salvación la existencia de la Iglesia y los sacramentos.

Como los Bogomilos, parece, según algunas fuentes, que el grupo de Orleans participaba de las ideas encratitas (condena del matrimonio) y de la abtención de comer carne.

C) El tercer brote herético, parece estar protagonizado por hombres de ciudad con un escasa instrucción. En Italia tiene su ámbito de predicción un tal Gundulfo. Este predicador itinerante se desplazaría hasta tierras  de Lieja y Arrás para conseguir prosélitos. Su doctrina era semejante en algunos puntos al brote sectario de Orleans: condena de los sacramentos, rechazo del bautismo, de la misa , de la penitencia y la confesión. Rechazaron todos los elementos materiales utilizados por la Iglesia desde el uso de los edificios hasta los altares.Condenaron la veneración a la cruz y a las imágenes de Cristo, de la virgen o de los santos. En lugar de todo lo anterior proponían la salvación en función de la práctica moral. Por tanto, esta concepción de la salvación ligada a la responsabilidad individual, presagiaba de alguna forma, de manera muy matizada, el conflicto luterano, rechanzando la mediación eclesial y sacramental. Este rechazo a los sacramentos se extendería por toda Europa Occidental como idea común por diversas razones: la vida poco edificante de quien los administraba; la ineficacia del perdón y la penitencia, ya que los pecados se repiten durante toda la vida.

Estas ideas se extendieron a Arrás, donde aún se extremo su sesgo rigorista, llegando sus adeptos a desestimar cualquier autoridad clerical, incluyendo a los confesores; sólo los mártires y los apóstoles  gozaban de este aprecio. Los casados no podían salvarse, ya que cualquier apetito material y carnal era contrario a su interpretación evangélica de la santidad de vida.Por último, redujeron las Sagradas Escrituras a algunos preceptos de los evangelios y de las cartas apostólicas.

El ordinario del lugar (obispo de Arrás) convoco un sínodo provincial con objeto de clarificar la doctrina de este grupo y sus errores.

D) El cuarto episodio  herético de cierta relevancia se produjo en Italia (Piamonte) tres años más tarde. En el Castillo de Monforte. Parece en principio, en virtud de algunas crónica que han llegado a nosotros que el brote sectario procedería "de fuera de Italia de algún lugar desconocido dl mundo". En función de las semejanzas sociales y en cuanto a la doctrin existente entre este brote y el grupo de Orleans no es descartable  una influencia directa procedente de Francia. De hecho las ideas rigoristas y gnósticas de este grupo de sectarios italianos así parece probarlo.

Negaban la válidez y eficacia de los sacramento, así como su institución por parte de Cristo. La absolución de los pecados dependía de la austeridad y santidad de vida, ya que esta era concedida por el Espíritu mismo a cada creyente, con lo cual, como en el anterior brote sectario, se acentuaba la responsabilidad individual. Por tanto, carecía de utilidad para la salvación la orden episcopal, siendo su consecuencia la negación de la estructura eclesial como estructura histórica necesaria para la salvación. No sabemos a este respccto si se trataba de una consecuencia extraída del sacerdocio universal de Cristo.

En cuanto a las prácticas y normas de vida tenían prohibida la actividad sexual; por tanto, y basándose en determinados elogíos paulinos de la castidad, aunque no rechazaban el matrimonio, recomendaban la absoluta virginidad a los solteros, y que los maridos tratasen a sus esposas como madres o hermanas". Los sectorios de este grupo tenían prohibido el consumo de carne, ayunaban frecuentemente y no condenaban la propiedad privada. A diferencia del grupo de Orleans y Arrás leían a diario el     AT Y el NT, así como los santos cánones; pero junto aesto, realizaban una interpretación de la encarnación ahistórica en conexión con sus crencias gnóstica y docetistas, negando la doctrina trinitaria.

Pudiera existir una cierta estructuración en este grupo sectario al concederse una mayor utoridd a los maiores; ya que estos decidían sobre la entrada de nuevos neófitos en el grupo y dirigían los rezos y las oraciones; pero, parece difícil que estos miembros de mayor edad tuvieran funciones semejantes a las sacramentales o sacerdotales.

El obispo del lugar llamo a capítulo a su dirigente más conocido Gerardo, el cual respondío a las preguntas sobre la ortodoxia de su doctrina, reafirmándose en todos los puntos expuestos. Es probable, que al final de este proceso los sectarios fuesen obligados a venerar una cruz, negándose estos, de tal modo que fueron que mados en una pira.  

E) Del quinto episodio, menos importante que los anteriores, nos ha llegado noticia gracias a la carta de un tal Teuduino, obispo de Lieja, enviada en 1048 a Enrique I de Francia. En esta se indicaba al rey la existencia de herejes a los que Teuduino cree seguidores de Berengario de Tours (este dato es manifiestamente erróneo) que negaban la existencia del cuerpo material de Cristo, afirmándo como el antiguo docetismo que este era una sombra. rechazaban el matrimonio y el bautismo de los niños.

4. LA HEREJÍA DEL SIGLO XII

4.1. Características.

Después de 50 años sin herejías o movimientos heréticos dignos de mención, estos reaparecen en el siglo siglo XII. Estas nuevas herejías tienen un caráter distinto de las del siglo XI: mientras los sectarios del XI rechazaban el mundo y los peligros de la carne y la materia, dedicándose al sacrifico personal y a sutentar un conjunto de ideas distintas y distantes de la ortodoxía eclesial que se discutían en reducido círculo de elegídos (recordemos la ascesis, cierto gnosticismo y unas buenas dosis de rigorismo), los nuevos herejes del XII, asumían una cierta posición de reformadores, queriendo introducir cambios en la iglesia católica para comodar esta a sus ideas. Mientras los herejes del XI extendían sus ideas sin apenas predicación pública de las mismas, sino en pequeños círculos de escogidos para alcanzar la nueva vida del espíritu, los grupos del XII difundían sus ideas mediante una predicación abierta y progresiva, incitando a sus oyentes no al sacrificio de vida y la interioridad , sino a una defensa activa de estas nuevas ideas.

Los herejes del XII pretendían una reforma profunda de las estructuras clericales que tenía consecuencias en las relaciones sociales y económicas entre las diferentes clases y los grupos que detentaban el poder. Esto es posible debido a la nueva situación fuera y dentro de la Iglesia. La reforma Gregoriana trataba de adaptar la Iglesia a las nuevas situaciones económicas y sociales, dando satisfacción a algunas discrepancias en los extratos clericales más bajos, y entre algunos sectores laicos.

Existen pues, importantes puntos de conexión entre la reforma de Gregorio VII y las herejías nacientes en este siglo. Pero el ambicioso programa gregoriano, aunque dio la impresión de una iglesia más cercana al bajo clero y los laicos, resultó inaplicable en su mayor parte debido a circunstancias sociales y políticas.

Al principio la reforma gregoriana se vio, como en el caso de los patarinos, capitalizada por movimientos laicos de base popular, ya que los europeos occidentales se encontrababan ansiosos de una práctica vital y religiosa más cercanas a sus bases evangélicas. Por ello en la reforma gregoria ad initium se encontró un cauce de expresión ortodoxa de los anhelos del hombre occidental. Pero esta primitiva dirección de la reforma papal cambio con el tiempo, poniendo su énfasis más en cuestiones disciplinares y jurídicas que en vitales y religiosas: la reforma dividía a clérigos y laicos haciendo menos hincapié en la santidad del estado de los primeros sobre los segundos y  relajaba la cuestión de la idoneidad de los candidatos a obispos.

La reforma toca fondo poco antes de la transcendente dieta de Worms para el conflicto luterano. Los laicos y el bajo clero ven desilusionadas sus expectativas de una reforma significativa que afectara a la vida y las estructuras eclesiales. Esta situación supone en la práctica el aldabonazo de salida para una pléyade de predicadores herético que preparan el camino a las importantes herejías del siglo XIII y XIV.

Esta insatisfacción en cuanto a la reforma, produjo un despertar de las ideas bogomilas, haciendo que amplias capas de la población europea aceptaran unas ideas dualistas y paragnósticas que se encontraban muy alejadas de la ortodoxia católica y la cultura occidental.

La Iglesia católica, superada por los acontecimientos tardó más de un siglo en reaccionar bajo el papado de Inocencio II.

4.2 Los predicadores ortodoxos errantes.

Hasta ahora, salvo excepciones (paulicianos y bogomilos) la herejía medieval ha caminado por la senda de la predicación informal. Este carácter popular, y en general poco estructurado de los grupos y los brotes sectarios del Medievo, se mantiene y patentiza en los grupos y predicadores itinerantes del siglo XII; más preocupados por la piedad y santidad de vida que por cuestiones dogmáticas concretas. Estos ideales   entroncados con las preocupaciones populares hizo que prendieran determinadas creencias con cierta facilidad entre los sectores más bajos de la sociedad medieval. Pero, paradójicamente, fue precisamente la predicación ortodoxa (como ocurrió en Bulgaria en el caso del bogomilismo), la que preparó y añadio el camino, de manera involuntaria, para la penetración de las principales herejías evangélicas y dualistas del siglo, casi siempre, de origen ortodoxo. Así, los patarinos o los eremitas itinerantes de Francia, plenamente ortodoxos y fieles a la Iglesia, en su predicación de la penitencia y la reforma del clero, produjeron el efecto contrario al deseado, ya que se contraponía la vida holgada del clero regular y secular con la vida mucho más rigorista y humilde de estos monjes itinerante, que conectaban mejor con aquellas capas de población acostumbradas a los rigores de la pobreza y el trabajo duro.

Los predicadores errantes, embuidos en su predicación de pobreza y ascetismo, pronto reuniron segidores a su alrededor. Unas veces personas particulares ávidos de consejos y bendición, y otra congregaciones mixtas de hombres y mujeres que seguían a los predicadores en sus correrias itinerantes. Esta congregaciones mixtas, pronto levantaron la susceptibilidad de las autoridades, lo que produjo prohibiciones expresas para predicar. Además, esta vida itinerante de determinados grupos no era bien vista por congregaciones y órdenes religiosas que contaban con beneficios económicos y tierras, y por tanto, llevaban una vida estable bajo una regla concreta y una espiritualidad concreta. Por ello, desde las autoridades eclesiásticas fueron conminados a establecerse según el modelo monacal vigente, lo que se produjo en parte al convertirse algunos predicadores errantes en fundadores de monasterios y congregaciones.

Apesar de esta circunstancia, las fundaciones de los predicadores errantes conservaron un carácter peculiar fruto de su especial espiritulidad. Así Ricardo revitalizó la idea de los monasterios dobles. Todas estas fundaciones se distiguieron por su especial aprecio de la pobreza  y el rechazo a ciertos tipos de propiedad.

Estos movimientos de pobreza evangélica, constituyeron una sonora reacción contra una Iglesia convertida en clase dominante y en estructura de poder, más preocupadas por las cuestiones materiales que por las espirituales, y contra una burguesía que empezaba a recoger los frutos de un rápido crecimiento económico (grandes lujos visibles entre comerciantes y mercaderes, lejos de la austeridad que debía presidir la vida cristiana) . Tras esta denuncia se encontraba también un elemento político y eclesiológico en nada desdeñable: la enunciación de un discurso populista, apenas vertebrado teológicamente, que comparaba, de manera casi antitética, la vida comunitaria y pobre de la Iglesia Apostólica con la vida opulenta de la institución eclesial. El resultado era concluyente. Desde la propia ortodoxia, el mismo San Bernardo de Clarabal en su De considerationes reprochaba al Papa no seguir el ejemplo de sencillez y pobreza de las primeras comunidades cristianas. Por ello no es extraño que desde ambientes populares teológicamente menos sutiles fuese sencillo caer en la herejía.

La Iglesia, debido a sus intereses, al menos entre la iglesia más opulenta, como parte de las clases dominantes, tenía una concepción estamental de la sociedad, lo que llevó a un descuido consciente en la instrucción teológica de los estamentos sociales más bajos y del propio bajo clero. Por ello, estos sectores buscaron la formación que se les negaba en las escuelas catedralíceas, en estos grupos y predicadores itinerantes, cuyas ideas se difundían con facilidad entre estos sectores sociales.   

En estas situaciones y circunstancias radica la fuerza y expansión de las ideas de los predicadores errantes: la reacción contra una iglesia opulenta necesitada de reformas urgentes en su vida y en sus modos. El cierto racionalismo de carácter popular practicado por estos grupos. La nueva interpretación de la Sagrada Escritura que casaba mejor con el estilo de vida evangélico y la vida de las clases populares que con la ostentación de la Iglesia, cuya vida se asemejaba mucho a la de la nobleza y los enriquecidos comerciantes, lo cual constituía auténtica piedra de escándalo entre el pueblo.

Estos hechos, de alguna forma, explican el relativo éxito que los predicadores errantes, ya fuesen ortodoxos o herejes tuvieron en Francia.

4.3 Los predicadores heréticos.

A) Enrique el monje: este es un buen ejemplo de la evolución que los predicadores libres experimentaron desde la idea de una reforma drática de la Iglesia, que ya había sido apuntada por la reforma gregoriana.

En rique todavía da especial importancia a los aspectos prácticos en decrimento de los aspectos teológicos y dogmáticos, lo cual será una de las señas de identidad de parte de los herejes del XII como ya con antrioridad habámos apuntado.

En principio este monje no dejaba de ser uno más de los predicadores ortodoxos que denunciaban la vida de excesos de una parte del clero y la necesidad de una reforma en la vida eclesial, es decir, un predicador gregoriano radical más. Pero, en un momento dado, en virtud de ciertas preocupaciones sociales , predica a sus seguidores como obra de misericordia el casarse con prostitutas redimidas (quizá inspirado en el libro del profeta Oseas) , lo que iba en contra del celibato de los eclesiásticos. Además predica en favor de la pobreza, sin cometer los excesos de otros predicadores,y rechazando el ayuno reiterado como muestra de un ascetismo desmedido. Enrique reaparece varias veces predicando contra el clero de Lausanne y Burdeos, pero en Toulouse se pierde su rastro en el 1145. En el concilio (no ecuménico) de Pisa de 1135 intentan que se aparte de la herejía, comprometiéndose a ingresar en un monasterio, denunciando, de manera benevolente, el concilio sólo tres de sus tesis como heréticas.

Existe una refutación de las enseñanzas de Enrique realizada por un monje casi desconocido llamado Guillermo que, paradojicamente, acabó muriendo condenado por herejía. Según esta refutación Enrique sostenía que el clero no era el dispensador de la gracia divina (sacramentos), mientras sostenía la responsabilidad individual en relación con ésta. Enrique llegó en su extremo a negar la válidez de los sacramentos, incluyendo al orden (sacerdocio) y la Eucaristía, tal y como ocurrió con herejías y predicadores anteriores. Hace referencia el refutador Guillermo al pelagianismo en que incurrió Enrique , negando el pecado original. Por esta razón el bautismo se convertía en un acto de responsabilidad individual que no podía administrarse a niños (vieja cuestión a debate en el seno de la Iglesia desde los primeros siglos) De forma similar las misas de difuntos y las plegarias por los muertos carecían de valor, ya que no se podía borrar la libertad indivudual por los actos fallidos realizados en vida. Por tanto, el clero carecía de utilidad, siendo como mucho sus funciones simbólicas. Así la confesión sacramental era sustituida por la confesión recíproca y el sacramento del matrimonio por el libre consentimiento de ambos cónyuges.

Todas las propuestas anteriores trataban de realizar una reforma del clero bajo la imagen evangélica de un clero itinerante, pobre y en relación con las clases populares. Así se simplificaba una estructura eclesial enormemente compleja que se relacionaba de manera estrecha con el poder terrenal y económico más que con la extensión de la palabra de Dios al pueblo pobre de la esposa pobre de Cristo.

Es de gran importancia la apelación de condena de aquellas prácticas eclesiales que no tuvieran una relación directa en cuanto a su institución con el Evangelio. Esta es sin duda una razón exegética y teológica de un gran peso, que no podía ser despachada de pasada por la Iglesia.

B) Pedro de Bruys: tenemos noticia de su actividad y tesis gracias a los escritos de Pedro el Venerable, abad de Cluny. En un primer tratado contra la secta titulado Contra Petrobrusianos, el abad afirma, de manera equivocada, que Enrique pertenecía a la   secta de Pedro de Bruys, cuestión que subsanó en el siguiente escrito.

Pedro de Bruys llegó a extremos no alcanzados por Enrique, tales como la negación del AT (recogida de una antigua tradición herética) y el repudio a la veneración del crucifijo. Así sus prácticas radicales y violentas que  se asemejan, en parte,a las de algunas sectas  del siglo XII, le llevaron a demostraciones públicas excesivas, siendo precisamente en una de ellas, cuando hacia arder  en una pira crucifijos en la localidad de Saint Gilles, resultó muerto al ser arrojado el mismo a la hogera por sus antogonistas. También se cuenta que en alguna ocasión, saco a los monjes de algún monasterio, pretendiendo casarlos o qu comiesen carne en Viernes Santo.

Pedro de Bruys se apoya en la exégesis de los evangelios para su rechazo de la Eucaristía (sacramentos) y del bautismo de niños. De esta manera, afirma que la transusbtanciación del pan y el vino en cuerpo y sangre de cristo se produjo exclusivamente durante la última cena,constituyendo un milagro y, en ningún caso, la institución de un sacramento. Ni siquiera, como ocurría en otros herejes (paulicianos y bogomilos) admitía una interpretación simbólica del sacrificio de la misa.

Existen cuatro tesis petrobrusyanas que parecen provenir de los bogomilos: repudio de la veneración del crucifijo , rechazo del AT, y del canto y músicas sacros; que también se encuentra en el grupo de sectarios de Orleans y Arrás.

C) Tanquelim: nació en Amberes (Países Bajos) . Algunos historiadores de la herejías lo ponen como prototipo de cómo la presión psicológica y las condiciones sociales pueden proporcionar partidarios a determinados tipos extremos de herejías en la edad media. Así, Tanquelin es calificado por esta bandería como agitador fantástico y desequilibrado (sobre estos extremos conviene cierta cautela).

Los Países Bajos estaban sufriendo un proceso de aumento del comercio y la industria gremial que produjo la sobrepoblación de algunas ciudades, sobretodo portuarias. Este fermento sirvió como caldo de cultivo para que su predicación, a medio camino entre lo religioso y lo social, consiguiera adeptos y  fama en la ciudad de Amberes.

Algunos historiadores colocan a Talquelim como un jalón en la evolución a las herejías milenaristas que se imponían en las ciudades comerciales de Europa. Talquelim, pronto se hizo con numerosos seguidores y el control de la ciudad de Amberes, con el apoyo de las clases populares de la ciudad. De este modo, salió a predicar a ciudades cercanas, tales como Flandes, Zelanda y Brabante. Tanquelim rechazó taxativamente  la Iglesia y sus sacramentos, a la que calificó como prostíbulo (siglos después Savonarola repetirá calificativos semejantes en la Roma renacentista, acabando de mala manera).

La mejor fuente sobre sus ideas la encontramos en una carta del capítulo catedralicio de Utrecht. En ella se señalan algunas situaciones fantásticas, tales como la de Talquelim declarándose Dios y desposándose con una estatua de la virgen María y recorriendo Amberes revestido de vestimentas doradas con una escolta armada. Se cuenta además, que en el límte de la locura colectiva,  " La gente le reverenciaba como Dios y bebían el agua en que se bañaba. Esta locura duraría sólo tres años hasta su asesinato en 1115.

Sus seguidores continuaron durante algún tiempo con el culto a Tanquelim. Parece que en la expansión por algunas ciudades de los Países bajos y la toma de control de Amberes de la herejía de Tanquelim tuvo mucho que ver la situación desesperada  de ciertas capas de la población urbana, que en cierta medida, predisponía a este segmento de la población a esperar la aparición de un salvador tan excéntrico y con ideas tan peculiares como las de nuestro hereje.

Hemos de resaltar la cautela con la cual hay que tomar las noticias procedentes sobre este predicador herético, ya que la fuente, al proceder de los enemigos de Tanquelim en el cabildo de Utrecht podría haber distorsianado los hechos cargando las tintas sobre determinados comportamientos pintorescos y excéntricos del heresiarca. Además, según algunos historiadores nos podríamos incluso encontrar, ante una falsa acusación, tratándose de un episodio que debe ser enmarcado en el contexto del conflicto gregoriano-antigregoriano.

Existe una interesante hipótesis que, en un sentido similar a lo ya dicho, hace de Tanquelim una especie de agente de Roberto II de Flandes, partidario de los gregorianos,. que con la soflama de Tanquelim pretendería justificar ante el pueblo la necesidad de una reforma del clero diocesano que incluyese el asimilar al obispado flamenco de Torunai parte del de Utrecht. Por tanto, parece que el hereje, habría salido de las propias filas de la Iglesia Católica, perteneciendo incluso a la bandería gregoriana, siendo las noticias sobre sus  tesis y actuaciones en las cartas del cabildo catedralicio de Utrecht una manipulación y exageración de su auténtica predicación para, así evitar la asimilación del obispado de Utrecht por parte del de Tournai, que estaba bajo el control del conde Roberto II y era proclive a la reforma gregoriana.

D) Arnaldo de Brescia: agraciadamente, en este caso contamos con fuentes menos oscuras sobre la vida y doctrina de este predicador, aunque carezcamos de escritos del propio hereje que nos puedan confirmar estos términos. Aranaldo forma parte de una comunidad de canónigos regulares en Brescia, a la cual dirigía. Tenemos que resaltar que esta zona de Italia había sido años atrás objeto de la agitación patarina, y que durante estos años se encontraba inmersa en la disputa por el episcopado entre Manfredo y Villano; el primero partidario de Inocencio II y el segundo de Anacleto II en la dispunta por el trono de Pedro. Arnaldo aprovechando la ausencia de Manfredo, el cual había triunfado en la disputado por el obispado, emprendió una reforma radical del clero. Para Arnaldo las reformas planteadas por Manfredo se quedaban cortas, aunque ya habían surgido enfrentamientos con el clero local. Arnaldo pensaba que la solución ante la falta de coherencia y de piedad en la vida del clero (simonía y nicolaismo) se resolvían aplicando el modelo de vida de los canónicos regulares a todo el clero.

Copyright por MANUEL GONZÁLEZ PÉREZ (2002).

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